Entre tú y Dios, me quedo contigo

Algo tan importante en tu vida no lo dejas en manos del azar. Tampoco lo dejas en manos de una fuerza suprema que si las cosas se ponen feas extienda su mano y golpee por ti o te levante de un KO antes de acabar la cuenta. No lo haces. Pones tu carrera en manos de quien confías. Aquel al que puedes mirar fijamente a los ojos, oir sus palabras cargadas de experiencia, sentir el abrazo antes de salir al “infierno” y la mano en tu hombro cuando las cosas se tuercen. Aquel que día a día desde hace años ha hecho de ti el boxeador que eres.
Fotografía y texto: Montse Castillo

¿Estás preparado?

El apoyo es importante. La esquina es fundamental. Pero es este momento el que define lo que vas a ser ahi arriba. Te encuentras tú y delante de ti nada. Todo lo que piensas y dices rebota hacia a ti. Tus miedos, tus nervios, tu excitación. Nadie mejor que tú puedo comprenderlo. Aceptar, asimilar, controlar. Ahora sí. Estás preparado.

 

Cuando pides un beso

Ya es noche cerrada en Oviedo, aunque el reloj diga que apenas hemos pasado de las seis de la tarde. Una pena porque, pese al frío, hoy ha sido un lunes soleado. Y yo funciono con sol, como los girasoles.

Montse me ha pedido que le envíe un beso, y yo me pregunto cómo se envían los besos. Hoy en día es fácil en extremo, con el WhatsApp, con el correo electrónico, con Facebook. ¿Cómo se hacía en otros tiempos más tranquilos?

Me puedo imaginar que hubo gente enviando besos en código Morse, escribiendo algo así como ..- -. / -… . … —

Me puedo imaginar besos enviados por paloma mensajera, o en una botella vacía de ron, desde una isla desierta, con rumbo sólo conocido por el mar.

Me puedo imaginar que se han enviado besos entre faxes de trabajo, cartas escritas a ordenador, cartas escritas a mano, cartas dictadas, cartas copiadas, cartas robadas, cartas pensadas pero nunca escritas, cartas escritas que no fueron enviadas.

Me puedo imaginar besos enviados en postales, con señales de humo, en microfilms entre espías, firmados con sangre, firmados con perfume, firmados con seudónimo, con pluma, con bolígrafo, con lápiz.

Me puedo imaginar besos corteses, tiernos, románticos, apasionados, dulces, alegres, tristes, ilusionados, ardientes, paternales, cariñosos.

El beso que yo te envío es… azul.

Fotografía y Texto: Jónatan Piedra
La Cometa Roja se traslada a: http://lacometarojademontsecastillo.wordpress.com

Mujer o muñeca

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… Se mujer; más nunca una muñeca
Con la que los hombres se puedan entretener;
Se dulce como la miel de abeja,
Pero dura como un cincel;
Ríe con risa genuina y no a carcajadas
Que no sea tu risa forzada;
Mira con ternura, que en tus ojos se resalta
Tu belleza y hermosura.
Te doy estos consejos hija mía
Porque al paso de los años,
Es lo que la experiencia me ha dictado;
Nunca te devalúes, siempre se mujer
Más nunca una muñeca de papel …
Fotografía: Montse Castillo / Texto: “Mistica_regia”

Espérame despierta

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Estoy nervioso, nena
del corazón al estómago, del estómago al corazón
mándame ese beso que me tranquiliza, ese abrazo que me centra
algo de ti estará en mis puños cuando suba ahí arriba
en unas horas te regalaré mi victoria
espérame despierta, mi angel

Fotografía y Texto: Montse Castillo

Garras convertidas en puñales

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Una vez me dijeron que el boxeo
era un deporte para varones.
Miré mis manos angelicales
mis uñas acrílicamente despreciables.
Pensé en los griegos
la lucha, el box
mis enemigos del colegio
y los tugurios del amor.
Una a una
las fui arrancando con mis dientes
las iba escupiendo por encima de los puentes
sin mirar en cuál sombrero
en cuál acera
en dónde caería
y perdería mi inocencia.
Días más tarde
desnudas y animales
las garras fueron convirtiéndose en puñales.
Fotografía: Montse Castillo / Texto: Paola Valverde “la quinta esquina del cuadrilátero”

Yonkis del éxito

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Cuánto duran los momentos de éxito?. Me refiero a esos momentos de verdadero éxtasis. Casi como un suspiro, un vuelco al corazón. A veces te ha costado tanto conseguir llegar a ese momento que eres incapaz de disfrutarlo porque no te lo crees. Otras veces, lo esperabas tanto que te sabe a poco. Pero lo malo es cuando se transforma en una droga y necesitas de ellos para sentir que tu vida tiene un sentido. Necesitas estar siempre ahí arriba aunque el listón esté cada vez más alto.
Es más fácil llegar a ese éxtasis que vivir a partir de él. Y entonces sabes que te has vuelto un yonki de tu propio éxito, un yonki de tu propia felicidad. Sientes vértigo porque sabes que a partir de ahí solo queda bajar, almenos durante un tiempo.
Por una parte admiro la gente de corazón tranquilo que les basta un triunfo en sus vidas para sentir que ya han cumplido, posiblemente vivan más años que yo. Algo de tu vida se va en cada subida.  La fuerza que te impulsa a conseguirlo es la misma que te impulsa hacia abajo. Porque para los que no somos unos genios, somos lo último que hacemos y nunca es suficiente.
No sé vivir sin que la vida me sorprenda y casi nada me sorprende ya.
Fotografía y Texto: Montse Castillo